sábado, 27 de noviembre de 2010

Historias de Sofia

Sofía es un niña cuyos padres están estudiando para el examen MIR. Si bien la tenía en mente mucho antes, los primeros dibujos los hice y fueron publicados mientras estudiaba el examen de mi año (ahora me doy cuenta de todo el tiempo que ha pasado desde entonces). 
Para aquellos que estáis estudiando el fatídico examen para entrar en la no menos dura formación especializada, os dejo la primera entrega de Sofía ("mis papás estudian el MIR todo el dia") y su especial visión de la medicina.  

© Pedro J. Delgado

domingo, 14 de noviembre de 2010

Tensión sexual no resuelta


Para la mayoría de los cirujanos la consulta es un aburrido trámite. Está claro: si nos gustara pasar el tiempo detrás de una mesa nos hubiéramos hecho funcionarios, tertulianos de TV o internistas, aunque cada día estemos más cerca de los primeros y más lejos de los últimos.
La consulta es el epicentro de los recomendados, los de la casa, los compromisos de empresa, los estudiantes, los residentes y, en menor medida, algún que otro paciente al que encontrar algo que sea susceptible de poner sobre la mesa que más nos gusta: la de quirófano.
Como digo, suele ser algo rutinario y habitualmente algo reiterativo: “cuándo me quitan los puntos, no me veo preparado para trabajar, de qué material está hecha la placa, si esto pita en los aeropuertos….”, y etc, etc….

Esta mañana fue distinta. Todo discurría con normalidad, hasta que vino Rafael, operado cinco veces (ya es casi de la familia) a la revisión anual de su muñeca. Tras ver la movilidad, la radiografía de control y cómo se maneja en el trabajo, toca el cuestionario DASH. Estos test funcionales modernos son muy útiles para realizar trabajos científicos, pero todos tienen alguna pregunta comprometida. En este caso, la número 21, la referente a la actividad sexual. Casi todo el mundo (incluido un servidor) pasa bastante rápido por esta pregunta, pero mira por donde Rafael nos explica hoy con todo lujo de detalles cómo se apaña en amor y compañía con su muñeca artrodesada. Hay que ver lo que da de sí una articulación fijada en posición funcional (¡la imaginación al poder!).

El siguiente es un paciente nuevo, que viene a por una segunda opinión acompañado de la que parece ser su esposa (recomiendo no preguntarlo nunca, por si acaso). Tiene la mano maltrecha tras un accidente de moto tratado en otro centro. No hay mucho que hacer y le pregunto qué cosas no puede hacer. En estos casos suele preocupar mucho no poder conducir, montar en bici e incluso, volver a trabajar. En este caso no.  La mujer contesta: ya no me puede coger el culo…  “¿Cómo?” -pongo cara de no haber oído nada-. La mujer insiste, gesticulando y levantando los brazos separados, con las palmas hacia arriba y los dedos semiabiertos como si sostuviera dos melones (o como se llamen) en el aire: “ya no me puede coger así, como a me mi gusta…”. El paciente asiente con la cabeza y esboza una pequeña sonrisa de complicidad.

Me viene a la cabeza entonces aquella chica joven obsesiva del gimnasio con dolor anterior de pelvis de 3 semanas de evolución. Parecía una pubalgia común post-exceso de ejercicio. Como procede, le pido que se tumbe en la camilla y se levante la falda. Mientras busco una sábana para cubrirla mientras la exploro, se levanta de la silla y pregunta “¿con o sin bragas”. ¡Rayos!, pienso. “Con bragas, por supuesto”, le contesto. Me mira un poco asombrada y contesta: “menos mal que vengo preparada” y saca del bolso que le cuelga del hombro derecho (es lo único que le cuelga a la chica), una pieza de ropa interior mínima de color rosa que se coloca con gran naturalidad en un abrir y cerrar de boca, previo a tumbarse en la camilla dispuesta a que le explorara sus caderas. Menos mal que estaba acompañado por una residente (lo digo para poder contarlo…).

Que pase el siguiente. Mas o menos igual. Lo que viene después no se sale del tema central del día: un politrauma con fractura de pelvis tipo C con osteosíntesis por delante y por detrás (perdón) que si bien ha quedado radiológica y funcionalmente muy bien, se queja de dificultad para mantener la erección durante el sacrosanto acto del matrimonio; una mujer con espondilolistesis tipo II que si bien le aconsejamos que no hace falta realizar una cirugía por encontrarse asintomática, refiere molestias en la zona lumbosacra cuando se encuentra sobre su pareja montando a caballo (dejémoslo aquí); y así  prácticamente todo igual hasta el final de una consulta salpicada en mayor o menor medida de pinceladas de tensión sexual no resuelta.

Por fín acaba la consulta. Echo un vistazo al techo y las esquinas (por si hay cámara oculta). Estoy acostumbrado a contemplar el exceso de hormonas de mis residentes (sobre todo los dias salientes de guardia), pero no a luchar contra los disturbios hormonales de mis pacientes. No es San Valentín, ni han dicho por las noticias que se acabe el mundo mañana… pero el tema está revuelto. El motor de la sociedad no es el dinero, el trabajo ni la salud, sino el intercambio de fluidos en momento y forma adecuados. Ese es el auténtico opio del pueblo.

martes, 2 de noviembre de 2010

Guerra de urgencias...

¿Qué ocurre cuando un residente de trauma se encuentra con uno de anestesia...?
Real como la vida misma. Si bien discurre por la red y lo podeis encontrar en YouTube sin problemas, lo he encontrado en el blog "¿Qué he hecho yo para merecer esto?" de Bellatrix Black LeStrange (http://losrecuerdosperdidos.blogspot.com).

There´s a fracture, I need to fix it!


lunes, 25 de octubre de 2010

El cementazo

Estamos poniendo una prótesis parcial a una pobre mujer anciana que se acaba de romper la cadera. Una vez fresado el canal, toca poner el cemento. En ese preciado momento, donde se mezcla el olor a gasolina, las prisas por meterlo a presión, el rabillo del ojo mirando el aparato de la tensión arterial (por favor, avisad al anestesista...) y el afán de limpieza para que no se quede nada en el fondo del cotilo, va y me pregunta el residente pequeño cuánto cemento hay que poner. Yo contesto: el necesario. Se calla y asiente como si la respuesta estuviera zanjada de por vida. Cementamos y ponemos la prótesis como siempre. Hasta ahí todo normal. 
Al dia siguiente, todo en orden, excepto la radiografía de control: la prótesis bien y el cemento..., el necesario. El necesario para rellenar todo el fémur hasta los cóndilos.... Por supuesto, la RX escondida para que no la viera el residente. No sea que se caiga el mito al pobre personal en formación...

Más rápido se coge a un mentiroso que a un cojo

Estos son las frases más frecuentemente espetadas por los pacientes cuando se huelen el alta laboral: 

1. "Si por mi fuera me iba mañana a trabajar". Por eso..., por eso te vas a ir de alta, majete.
2. "Si yo estoy perdiendo dinero...". Yo si que estoy perdiendo la paciencia...
3. "Por mis manos pasan 20.000 kg diarios". ¿Todos de golpe...? No me extraña que se lesionara...
4. "Yo me iba mañana a trabajar, pero en mi trabajo me quieren al 100%". Eso no es aprecio, eso se llama amor o lujuria (depende del roce que se tenga).
5. "Aún no me encuentro preparado". Dios mío, ¡ni que fuera la primera vez!
6. "Si yo tuviera un trabajo como usted...". Si usted estuviera en mi puesto me habría mandado a hacer puñetas hace 3 meses. 

Con 4 de estos criterios mayores podemos identificar al clásico delincuente sanitario. El tratamiento es complicado por la cronicidad del cuadro. Una vez agotadas las medidas conservadoras, solo resta la cirugía resectiva; es decir: su alta laboral. 

jueves, 19 de agosto de 2010

Sala de espera

Qué hacer cuando no te dejan pasar a la consulta del traumatólogo....

martes, 10 de agosto de 2010

Profilaxis de la enfermedad tromboembólica en adjuntos durante una guardia

Nueva entrega del "journal" y segunda parte del famoso "Síndrome del residente saliente de guardia. A propósito de 3.200 casos nuevos al año" que apareció publicado en la Revista CTO número 8, que la academia entregó a la salida del examen MIR del año 2001. 
En esta nueva edición, se presentaban las bases para el diagnóstico, prevención y tratamiento de la TVP en adjuntos durante una guardia, patología de alto riesgo entre los especialistas de la medicina pública nacional. 
La ilustración del artículo está realizada por el Dr. Luis Rodríguez-Bachiller, maravilloso dibujante e ilustrador, pero no menos genial cirujano general del Hospital General Universitario Gregorio Marañón. 
Espero que os sea útil. Como decía un compañero mío de residencia: "más vale prevenir..., que hacer la guardia solos".

Archivo adjunto: 

martes, 3 de agosto de 2010

Declaración de intenciones


En numerosas ocasiones la realidad supera la ficción. Esta imagen está tomada en una calle de Torremolinos (Málaga) de forma casual. Espero que no sea tan duro trabajar allí,  tal y como augura el cartel....

jueves, 22 de julio de 2010

Consejos para hacer un póster

El fin de un póster es presentar una comunicación breve de un caso clínico excepcional, una pequeña serie de casos o una nueva técnica. La realidad es otra: es donde van los trabajos que el comité científico no acepta como comunicaciones orales y la forma más rápida de justificar la presencia en un congreso sin trabajar mucho. 
Actualmente la mayoría de congresos nacionales e internacionales han eliminado el concepto de cartel científico por el de e-poster, que no es más que una presentación de 8-10 diapositivas, que suelen quedar en el disco duro del olvido de las reuniones científicas. 
Atrás quedan el ir en el avión con ese inmenso tubo porta-rollos y el tiempo perdido debajo del cartel para esperar preguntas que nunca llegan. Sin embargo, en congresos más pequeños y domésticos se mantiene la presentación clásica en DIN-A0 en papel, lo que permite darse un paseo contemplando el trabajo gráfico de los demás cuando el programa científico de las presentaciones y ponencias es un rollo. 
Hacer un poster no es nada fácil (mucho más complejo que los e-poster). Se trata de hacer de científico, ilustrador, fotógrafo y diseñador gráfico. Toda una odisea para los especialistas del hueso que (según nuestros buenos amigos los internistas) sólo tenemos una neurona (pero larga). 
Nos os preocupéis. En esta nueva sección os daremos consejos para realizar un póster y presentarlo como merece. 

Consejos para la colocación. Habitualmente la organización tiene marcado el sitio donde va nuestro póster. En otros os dirán "póngalo donde tenga sitio..."; todo depende de lo grande del congreso y de las luces de los que lo organizan.
Igualmente nos habrán recordado infinitas veces en las bases el tema del tamaño ("DIN-A0, no se admitirán otras medidas...") y nosotros, de forma excepcional, lo hemos cumplido. 
Pero, mira por donde cuando lo vamos a colgar nos damos cuenta que hemos cometido un gran error: la orientación. 


¿Y ahora qué?. Algunos lo arreglan de aquella manera. No se trata de hacer tantos kilómetros para volverte a casa sin haber colgado el poster y encima que se entere tu jefe... Lo cuelgas boca abajo y que la gente se tronche el pescuezo a modo de obra interactiva o lo pones apaisado invadiendo el espacio de el de lado (con la pasta que cuesta la inscipción, podían haber dejado más espacio). Lo malo es que vas a chocar con el lugar del otro. Bueno, qué vamos a hacer. Tú llegaste antes. 

jueves, 1 de julio de 2010

Segundas opiniones nunca fueron buenas


Hace unos días me avisaron que me iban a citar a un paciente recomendado para una segunda (o enésima) opinión. Este tipo de consultas nunca me han gustado. Es lo más parecido a caminar sobre un campo de minas con botas de suela de clavos.
Y ahí estaba esta mañana, a primera hora (ésta y la última suelen ser las elegidas por estos especímenes) junto a un familar (feroz acompañante a modo de escolta personal, que es el principal enemigo).
Su perfil no variaba mucho del fenotipo habitual:  carpeta de cartón azul con gomas llena de fotocopias de informes, bolsa del “corte-inglés” con diversos recortes de radiografías y resonancias varias y las constantes interrupciones del familiar que no para de recordarte para que han venido y lo bien que le han hablado de ti (sí, por eso eres el segundo plato…).
Sin embargo, el paciente en cuestión pertenecía a la peor casta de recomendados, esos que ya vienen operados y que, independientemente de tu opinión, van a seguir tratándose por su cirujano. Lo que se dice una “consulta paripé-pasapalabra”.
Mientras se dirige hacia ti dirigiendo la conversación (como si os conociérais de toda la vida u os hubieseis despertado alguna vez en la misma cama juntos), te cuenta orgulloso como se pegó la torta por la cual le han tenido que operar la muñeca sobre la que le han tenido que poner una carísima placa de titanio procedente de Alemania, que es de las buenas, de las que aquí no se encuentran como así…
Es entonces cuando le ves la cicatriz y la placa de control. No puedes hacer mucho más (el acto está consumado): ver el resultado y dar tu opinión. Como un jurado.
Y entonces, te sientes como el Risto Mejide frente a la niña pija que canta como un grajo pero que toda la academia le ríe las gracias y el público salva cada semana… Y piensas: “joder cómo le han dejado. La placa torcida, los tornillos cada uno de un tamaño y dirección distinta (que parecen un peine mellado) y dos de ellos atravesando la articulación como una estaca. Y la herida, ni te cuento. Si parece que le ha cosido un epiléptico. Y el tamaño, grande, muy grande… Vamos, que por ahí podían haber metido la placa, la caja de tornillos, la instrumentista y el alemán de la casa comercial…”.
Es cuando te entra la vena “estebanera” y te apetecería coger la radiografía en alto y exclamar (como el fontanero que vino la semana pasada por casa) eso tan español de “hombre de Dios, pero bueno…!, ¿quién le ha hecho esto?. Para mí que no es un profesional. Pues le va a salir por un ojo de la cara…”.
Pero no. Te contienes. Miras al familiar (es más seguro y se va a enterar más) y le dices con voz firme pero acogedora: “la verdad es que han tenido un resultado perfecto. Le ha tratado un excelente profesional. Yo no lo hubiera hecho mejor…”. Tu cara se rellena de una falsa sonrisita cómplice y el paciente parece que se emociona, orgulloso del resultado. El familiar se queda igual;  por lo general no muy convencida, preguntándose “¿y para esto hemos venido…?”
Se dan la vuelta y se van satisfechos por la puerta. Tu también. ¿Corporativismo?, no. Por un lado, nunca se sabe dónde en qué consulta acabarán tus errores. Por otro, ya tendrá su penitencia ese yatrogénico especialista cuando tenga que retirar el material o explicar el porqué de la artrodesis. Es sólo una cuestión de supervivencia.

miércoles, 23 de junio de 2010

Abrir los yesos


"No entiendo por qué se ha enfadado mi adjunto. Me dijo que le abriera el yeso a la fractura de muñeca y eso fue lo que hice..."

Como dijo Einstein, "sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana...."

martes, 22 de junio de 2010

Aforismos y reflexiones

Al igual que en otros ámbitos de la vida, la medicina y la salud pública se encuentran repletos de aforismos y sentencias procedentes de personajes que gozaron de más o menos celebridad que, aunque no pertenecieron a la comunidad médica, muy probablemente la padecieron. Por su objetividad y mirada crítica pueden ser usadas en la actualidad para valorar los avances y el estado actual de esta histórica profesión nuestra.
En una medicina repleta de avances tecnológicos no debemos olvidar las ciencias básicas, como por ejemplo la anatomía, que es esencial para cualquier médico y es la base de la cirugía. Así lo expresaba Jean Fernel cuando decía que "la anatomía es para la fisiología lo que la geografía para la historia: describe el escenario de la acción". En el Theatrum Anatomicum de Paris se puede leer una inscripción que dice “Hic locus est, ubi mors gaudet succurrere vitae” (Aquí los muertos gozan ayudando a los vivos). Oliver Wendell en una de sus clases al hablar de la tuberosidad isquiática decía “esto, caballeros es la tuberositas ossi ischii, pensada para que el hombre se siente mientras contempla la creación”.
Las artes de sanar han sido múltiples y también los remedios para obtener la curación del enfermo. Salomón decía que la mejor medicina es un ánimo gozoso, Séneca que una parte de la curación consiste en ser curado y Voltaire afirmaba que los médicos meten drogas que no conocen en un cuerpo que conocen todavía menos.
Sin embargo, el mundo de las enfermedades es un enigma. ¿Tenemos los médicos “nuestras enfermedades favoritas”, como decía Henry Fielding?. No se sabe. A pesar de listas interminables de etiologías la mayoría de las enfermedades no tienen causa conocida. “Es un arte conjetural, que casi carece de reglas” (Celso). En palabras de Huxley, “la investigación de las enfermedades ha avanzado tanto que cada vez es más difícil encontrar alguien que esté completamente sano”. Moliere era más pesimista: “casi todos los hombres mueren de sus remedios, no de sus enfermedades”.
Está claro el papel del médico cuando la salud falla, sin embargo su figura ha cambiado a lo largo de la historia. Hace unos siglos la medicina era considerada un arte y la mayoría de los galenos eran a la vez doctores, pintores, escultores, escritores o arquitectos (“el médico que a la vez no es un filósofo, no es ni siquiera médico”, José de Letamendi). Cada vez la medicina es más especializada y despersonalizada, lejana al modelo humanista de Hipócrates y Leonardo, propiciada por aquellos que buscan el error médico (“Médicos. Hombres de suerte. Sus éxitos brillan al sol… y sus errores los cubre la tierra”, Michel E. de Montaigne). La medicina es cada vez más defensiva y alejada del paciente, de sus emociones y preocupaciones (“si podeis curar, curad; si no podéis curar, calmad; y si no podéis calmar, consolad”, Augusto Morrei).
La influencia de las nuevas tecnologías y el mundo de la información han permitido acercar los conocimientos científicos a nuestros pacientes que en la mayoría de casos carecen de la formación suficiente para interpretarlos (“cuando estamos sanos, todos tenemos buenos consejos para los enfermos”, Terencio).
El culto al cuerpo está a la orden del dia y puede desencadenar obsesiones y enfermedades psicosomáticas. Debemos hacer caso a Quevedo cuando decía “la posesión de la salud es como la de la hacienda, que se goza gastándola, y si no se gasta, no se goza”; o sea: viva la pepa!. Sin embargo, si se vive con poco respeto al cuerpo nos puede venir una minuta tan elevada como dolorosa (“las enfermedades son los intereses que se pagan por los placeres”, John Ray).
Entre este aglomerado de sentencias y reflexiones, queda un sitio para la ironía. Llegada la edad provecta, ¿cuál es el amigo cuya muerte repercute más dolorosamente en nuestro corazón…? “El caido de la misma enfermedad que nos aqueja” (Santiago Ramón y Cajal) o “¿cuál es es único dolor soportable…? El ajeno” (anónimo).
La cirugía ortopédica no se escapa a los dilemas presentados. La medicina defensiva, el desarrollo desmesurado de nuevos implantes, la cultura de la prisa o la invasión de nuevas técnicas por intereses comerciales, pueden variar nuestras pautas de actuación aprendidas. Por todo ello, al igual que tenemos en cuenta los principios del juramento hipocrático, no debemos olvidar el objetivo principal de nuestra especialidad, que fue bien definido por A. Graham Apley: “el arte y la destreza en Cirugía Ortopédica no están dirigidos a elaborar una determinada colocación de las partes afectas, sino a restaurar la función de manera global”.
No obstante, no perdamos el rumbo ni nos volvamos locos. La sabiduría reside en la cultura popular, esa que dice "hombre refranero, hombre puñetero...". Pues eso.



viernes, 11 de junio de 2010

El tamaño importa


Decía Molière que "las cosas no valen sino aquello que se las hace valer" y con respecto a su medida, las cosas miden lo que se les hace medir. Esto es: lo justo; ni más ni menos. 
En el caso que se presenta, se trata de un paciente con fractura de tobillo suprasindesmal del peroné tratada con una placa y tornillos de 3.5 mm. Hasta ahí, todo en orden.
Llama la atención la colocación de  una placa DCP en la cara anterior del peroné (seguramente no habría otra posibilidad en ese momento). Lo que no tiene justificación es la longitud excesiva de los tornillos que llegan a superar casi el diámetro del hueso. El tamaño importa, pero las cosas deben medir lo que deben medir... ¿o no?

domingo, 6 de junio de 2010

El transindesmal


Con respecto al tratamiento de las fracturas suprasindesmales de tobillo existe una gran controversia respecto a los tornillos transindesmales: poner 1 ó 2 tornillos, atravesar la sindésmosis o ponerlo por encima, 3 ó 4 corticales, biodegradables o metálicos, de cortical o esponjosa, cuándo quitarlos, cuándo iniciar el apoyo o si debemos suturar o no la sindésmosis.
Todo esto no está claro y seguro que encontrareis el mismo dilema en vuestro servicio. Eso sí, algo que no se puede discutir, que es impepinable, es no olvidar el objetivo del tratamiento: cerrar la sindésmosis. Es sencillo: abrir o cerrar, meter o sacar, hacerlo bien o mal... Para esto, sólo hay una opción: el sentido común.

sábado, 5 de junio de 2010

Las tres frases


Estas son las tres frases que hay que tener presente durante una guardia por todos aquellos que inician la preciosa aventura de la formación especializada de trauma:

“Que yo te pago…”. Célebre frase que suelen espetar los pacientes tras 5 horas en la sala de espera o cuando no les damos (o decimos) aquello por lo que realmente han venido y que lo han visto previamente en Internet. Originaria de tiempos pasados en los que había más médicos que pacientes y se cobraba en una moneda muy antigua (pesetas). Lo que no sabía el susodicho es que con lo que él paga, para lo único que llega es para darle la mano y gracias. Si se pone la cosa fea, le damos sus 10 céntimos y que le vean en su hospital (que encima, no es de área).

“Si, pero me lo firmas…”. Escueta y contundente frase que suele oírse al otro lado del teléfono (donde suele encontrarse una enfermera de planta que nos ha avisado previamente por un paciente con dolor de colodrillo incompatible con la vida de 5 dias de duración), cuando previamente habíamos dicho eso de “por favor… , ¿le puedes poner un nolotil?” . Eso sí, con el agravante de estar con 2 pacientes a la vez en la consulta, tres en los boxes,  cinco llamadas pendientes del “busca”, la auxiliar en el café y un estudiante de medicina por los suelos tras haberle dado un síncope vasovagal al ver cómo se reduce un hombro.

“De lo mio no es”. Lapidaria y contundente. Esta frase la oirás de boca de alguno de tus “compañeros” de especialidades médicas, quirúrgicas o miscelanea-batiburrillo (médico-quirúrgicas), con el objetivo de escapar de ese paciente de 90 años que han dejado en la puerta de medicina (y posterior fuga de los familiares…) y que presenta tensión estratosférica, bronquiectasias masivas, aspecto garrapiñado (por la hiper-extra-diabetes incontrolada) y duerme con 5 almohadas con 2 botellas de oxígeno. Eso sí, tiene un juanete en el pie izquierdo.

jueves, 27 de mayo de 2010

2 proyecciones

En esta sección, titulada "errare humanum est" presentamos una galería de casos de esos que todos tenemos guardados en el archivo de los secretos, cargados de una historia azarosa tanto para el cirujano como para el paciente y de los que seguro siempre hemos aprendido algo bueno. 

Para empezar, el siguiente caso clínico: niño con sarcoma de Ewing de fémur izquierdo tratado con resección en bloque, aloinjerto de tibia invertido y fijación con clavo endomedular. 



Afortunadamente, este resultado radiológico no influenció en el resultado final pero, a la vista de las placas, dos conclusiones: 
- La importancia de tener dos proyecciones (en este caso anteroposterior y lateral). Nunca acepte malas proyecciones radiológicas. Pondrá en compromiso el diagnóstico, el tratamiento y el pronóstico final de sus pacientes.
- Los clavos son endomedulares no intra-extramedulares. Es una cuestión de concepto. 

Si ya lo decía yo...



Me encuentro esta mañana haciendo una artroscopia de muñeca. Tras una pequeña incisión en el portal 3-4, meto el trócar, saco el fiador, meto la óptica y.... no se ve nada. Bueno, nada de nada, no. Se ve luz, pero todo borroso y unas horribles diminutas gotas de agua sobre el cuadrante inferior derecho de la pantalla. Para los ajenos a la trauma os informo que eso sólo puede consecuencia de dos cosas: que la lente no se ha secado bien la lente o que está jodida. Como el residente ha sido el que ha montado el campo, está bien claro de quién ha sido la culpa y cuál ha sido la causa.
- Si ya lo decía yo. Esto es culpa del residente... (claro, al colocar la funda estéril de la cámara se ha cargado la lente). Mira que lo tengo dicho, que esto no es un juego, que son muy pequeñas y delicadas, que valen una pasta.... (con la que está cayendo!). Estos residentes no son como los de antes...
El residente me mira y me contesta "la instrumentista ha sido la que ha secado la lente....". 
La enfermera, ojiplática, señala a la anestesista (es raro, pero aún permanece dentro del quirófano), que según ella es la que le ha puesto nerviosa y que con las prisas no sabe qué demonios ha pasado (si es que, con tanto bloqueo por eco y su puñetera madre, hemos empezado a las mil...).
- Yo he visto a la auxiliar tirar la lente en el Cidex -espeta la anestesista-, para mí que se la ha cargado ella. 
La auxiliar, con los brazos en jarra, se pone brava a lo Belén Esteban y replica "a ver si resulta que me la he cargado yo... ¡vamos!" y se larga de quirófano, sin antes de acusar de forma sucinta al celador que según ella había traído la caja al quirófano y que según parece, se le había caído un par de veces durante el transporte. Me pongo cada vez más morado, pero no esto no se queda ahí: el celador le echa la culpa a la supervisora de quirófano (claro, con tanta falta de personal...), quien descarga responsabilidad en la secretaria del servicio (los partes son cada vez más largos) y ésta, sobre las chicas del control de consultas, a las que como se olvidaron de llamar a un par de pacientes, habían tenido que improvisar sobre la marcha y programaron esta artroscopia de la lista de espera. Del control de consultas a las enfermeras de planta (no habían hecho el ingreso a tiempo por la mañana), éstas a las de limpieza (que no habían limpiado la habitación a tiempo ayer por la tarde y ya ves tú...) y la de limpieza a un señor bajito con bigote que estaba en la sala de espera que, si bien el pobre no tenía culpa de nada, con esa cara seguro que algo había hecho. 
En el momento justo antes de explotar, quitarme los guantes, deslavarme y arrepentirme de haberle indicado a la señora la puñetera artroscopia de muñeca el santo dia que vino a la consulta, me doy cuenta que, girando el foco de la lente dejo de ver las gotitas detonantes del conflicto del demonio y.... magia!, por fin vemos en condiciones la articulación radiocarpiana. 
Se miran todos entre sí, con una sonrisa cómplice. Me hago el loco. "Si ya lo decía yo..."

jueves, 20 de mayo de 2010

¿Y usted opera...?


Son las casi las 8 de la tarde y ya he perdido la cuenta de cuántos pacientes he visto. Eso sí, de una en especial me acuerdo bastante bien.
- Buenas tardes, señora. Cuénteme que es lo que le pasa...
- ¡Ay doctor!, lo de siempre, mis rodillas. Esta dichosa artrosis. Ya sabe, los años no perdonan y noto cómo me pasan factura...
- Bueno, bueno... si está usted muy bien (ella sí, pero las rodillas las tiene más pasadas que el tacón de un legionario...).
- Me tome lo que me tome, nada me calma y ya no puedo más. ¿Qué podemos hacer?
Este es el momento que estabas esperando, para el que te has formado durante 5 penosos años y otros más de duras estancias en el extranjero. Sí, es verdad. No, no es un milagro. Sí, por fín. De la lista interminable de dolores y corpalgias, por fin vas a poder curar a uno de ellos. La paciencia es la madre de la ciencia. Además, estás seguro que has agotado todo el arsenal terapeútico analgésico-antiinflamatorio y las más de mil medidas higiénicas publicadas como tratamiento ortopédico (que palabra más fea!) de la gonartrosis. Ahora, sí, sin remordimientos, sabes que lo único que le puedes ofrecer es la cirugía.
- Antonia, lo único que puedo ofrecerle es la cirugía.
Se hace un silencio sepulcral. Entonces es cuando su acompañante, que nunca dice nada (el acompañante es siempre un factor de riesgo cardiovascular -lo digo para el médico-), pregunta: "pues muy bien... usted nos recomendará uno bueno, ¿no?".
Le explicas que tú eres cirujano (lo ponía en el título al menos) y la siguiente pregunta, esta vez de boca de la señora Antonia, es: "ah!... pero, ¿usted también opera?".
Dios mio, Dios mio. Notas cómo toda la sangre del cerebro se te ha bajado a los pies... De nuevo te das cuenta que esto no está pagado... Mísero de mí!
En frio lo piensas. En cierto modo la señora tiene razón. Entre los médicos que ejercen de traumatólogos, pero no operan (tampoco tienen título) y que los que de verdad no operan y son los médicos que tenían que estar viendo esta y todas puñeteras artrosis del mundo (que son los reumatólogos) y que no lo hacen, es lógico que el público en general tenga esta empanada.
Me acuerdo de una residente de UCI que me decía "claro, es muy fácil, tu especialidad es médico-quirúrgica: la trauma es la médica y la cirugía ortopédica la quirúrgica". Ella si que estaba de UCI (sobre todo su cerebro...).
Estamos en el siglo de la información y a pesar de que hasta le han cambiado el orden de los factores al título a la especialidad (antes se llamaba Traumatología y Cirugía Ortopédica y ahora se llama Cirugía Ortopédica y Traumatología), todavía no nos ven como lo que de verdad somos: cirujanos.
Hay cosas que no cambian y que nunca cambiarán. Como el Atleti, que casi siempre pierde.
Son las ocho ya. Me voy para casa, a ver el partido. A lo mejor, hoy el Atleti gana...

lunes, 17 de mayo de 2010

Síndrome del residente saliente de guardia


Cuando era residente hacía miles de horribles y calamitosas guardias (como todos). En una de ellas, durante un rato de asueto entre "tengo un dolor insoportable de 15 dias de evolución" y un "que yo te pago...", pude anotar en el sobre de una historia clínica que habia dejado olvidado un paciente, una lista de cosas que le pasan a un médico tras un periodo de arresto semi-domiciliario (también llamado "guardia") de 24 horas.
Por aquel entonces trabajaba yo en CTO Medicina, como ilustrador y profesor de Anatomía y de Traumatología, y se me ocurrió escribir un artículo titulado "Síndrome del residente saliente de guardia. A propósito de 3.200 casos nuevos al año" que fue publicado en el boletín que la academia entregaba a la salida del examen MIR del año 1999-2000. 
La verdad es que fue todo un éxito y el SRSG se diseminó por las puertas de urgencia de casi todos los hospitales de este país. Visto el éxito, elaboramos nuevas entregas del "journal" que tuvieron menos éxito. 
Años más tarde, el texto fue plagiado en su totalidad y publicado en diversos sitios web médicos sin imágenes y bajo la supuesta autoría de un tal "Dr. Frank de Copenhagen. Centro Universitario TBO". De hecho, en un reciente libro sobre el sistema MIR y sus residentes ("Anatomía de un MIR" de María Valerio Sanz, 2009) sale citado el SRSG, pero en su forma de plagio. 
Recientemente he tenido la oportunidad que algunas webs médicas y amigos han hecho referencia al SRSG en su formato original, como en el blog de la Dra. Jomeini (http://blogdrajomeini.blogspot.com/2008/09/saliente-de-guardia.html), el blog de residentes de familia "Residentes, como en familia" (http://residentesdefamilia.blogspot.com) y en el Rincón de residentes de Medicina de Familia maño (http://www.udomfyc.org/html/rinconRE.html), a quienes les estaré eternamente agradecido. 

Por todo el tiempo pasado y,  como decía Cecil Beaton, "el tiempo no sólo cura, sino que también reconcilia...", os dejo el auténtico artículo del SRSG. 

viernes, 14 de mayo de 2010

¿Fractura o fisura...?




Es curioso. Son las 3 de la madrugada. Javier, un joven de 26 años, ha sufrido un terrible accidente al chocar su moto contra un trailer de mercancías peligrosas y presenta una fractura-luxación conminuta supraintercondílea de la extremidad distal del fémur izquierda, que para colmo de males es abierta grado III-A de la clasificación de Gustilo y Anderson. Lo que se traduce en una fractura del copón del fémur en la rodilla que el fragmento más grande es como mi uña y además tiene un rajón de palmo y medio por el que salen los cachitos de hueso...

Menos mal que Javier es un chico fuerte. Se encuentra bien y de momento, no hay más lesiones asociadas. Tras inmovilizarle la pierna con una tracción esquelética y mientras preparamos el quirófano de urgencia (que eso es otra odisea...) nos toca el tremendo trago de informar a la familia.
- ¿Familiares de Javier?
- Si, somos nosotros....
- Pasen a esta sala por favor, que vamos a informarles.
Entonces te das cuenta que Javier tiene una gran familia. No se si buena o no, pero numerosa donde las haya. "Por Dios, de dónde ha salido tanta gente..." piensas mientras intentas adivinar quién es el interlocutor principal.
- Bueno, les informo que Javier tiene una fractura muy compleja que afecta a su rodilla izquierda (y les sueltas todo el rollo de la fractura supraintercondílea conminuta abierta grado II de Gustilo y tal y tal).
A todo esto, la familia (representada por el interlocutor principal) ves como va asintiendo con la cabeza en cada fatal adjetivo que vas añadiendo a la fractura y es entonces cuando alguien levanta la mano y te pregunta: "pero doctor..., ¿es fractura o fisura?".
Sabías que podía ocurrir y al final ha ocurrido. La fatal cuestión. Ocho años de EGB (que somos del plan antiguo), tres de bachillerato, el COU, la selectividad, seis de carrera, el puto examen MIR y los cinco de especialidad se te han caido a los pies de golpe.
Obnubilado, irritado, hundido, te gustaría decir eso de "no señora: las fisuras son en otro sitio (el paladar o el ano). Esto es una fractura". Pero no, le contestas amablemente que se trata de un hueso roto (que parece que es algo más serio).
Y es verdad. No sólo somos víctimas de otros profesionales sanitarios que menosprecian nuestra especialidad (especialmente la rama médica) sino que nosotros mismos nos cargamos este oficio. Algún insensato denominó "fisura" a una fractura incompleta de trazo capilar (seguro que lo confundió con un vaso nutricio) y se cargó un siglo de especialidad. No señores, no. Las fisuras en los huesos no existen. Los huesos se rompen o no se rompen, pero no hay fisuras (son binarios: o ceros o unos, pero no a medias). Todos son fracturas, completas o incompletas, oblícuas, transversas o espiroideas, conminutas o no, con tercer fragmento (en ala de mariposa), bifocales, con pérdida de sustancia o no y abiertas o cerradas. Pero en ninguna clasificación pone "fisura"...
Javier fue operado. Todo fue bien dentro de la gravedad. Hace tiempo que no lo veo, pero la madre cada vez que venía a consulta me decía que estaba muy contenta de cómo habíamos tratamos la fisura de su hijo.
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