lunes, 25 de octubre de 2010

El cementazo

Estamos poniendo una prótesis parcial a una pobre mujer anciana que se acaba de romper la cadera. Una vez fresado el canal, toca poner el cemento. En ese preciado momento, donde se mezcla el olor a gasolina, las prisas por meterlo a presión, el rabillo del ojo mirando el aparato de la tensión arterial (por favor, avisad al anestesista...) y el afán de limpieza para que no se quede nada en el fondo del cotilo, va y me pregunta el residente pequeño cuánto cemento hay que poner. Yo contesto: el necesario. Se calla y asiente como si la respuesta estuviera zanjada de por vida. Cementamos y ponemos la prótesis como siempre. Hasta ahí todo normal. 
Al dia siguiente, todo en orden, excepto la radiografía de control: la prótesis bien y el cemento..., el necesario. El necesario para rellenar todo el fémur hasta los cóndilos.... Por supuesto, la RX escondida para que no la viera el residente. No sea que se caiga el mito al pobre personal en formación...

Más rápido se coge a un mentiroso que a un cojo

Estos son las frases más frecuentemente espetadas por los pacientes cuando se huelen el alta laboral: 

1. "Si por mi fuera me iba mañana a trabajar". Por eso..., por eso te vas a ir de alta, majete.
2. "Si yo estoy perdiendo dinero...". Yo si que estoy perdiendo la paciencia...
3. "Por mis manos pasan 20.000 kg diarios". ¿Todos de golpe...? No me extraña que se lesionara...
4. "Yo me iba mañana a trabajar, pero en mi trabajo me quieren al 100%". Eso no es aprecio, eso se llama amor o lujuria (depende del roce que se tenga).
5. "Aún no me encuentro preparado". Dios mío, ¡ni que fuera la primera vez!
6. "Si yo tuviera un trabajo como usted...". Si usted estuviera en mi puesto me habría mandado a hacer puñetas hace 3 meses. 

Con 4 de estos criterios mayores podemos identificar al clásico delincuente sanitario. El tratamiento es complicado por la cronicidad del cuadro. Una vez agotadas las medidas conservadoras, solo resta la cirugía resectiva; es decir: su alta laboral. 

jueves, 19 de agosto de 2010

Sala de espera

Qué hacer cuando no te dejan pasar a la consulta del traumatólogo....

martes, 10 de agosto de 2010

Profilaxis de la enfermedad tromboembólica en adjuntos durante una guardia

Nueva entrega del "journal" y segunda parte del famoso "Síndrome del residente saliente de guardia. A propósito de 3.200 casos nuevos al año" que apareció publicado en la Revista CTO número 8, que la academia entregó a la salida del examen MIR del año 2001. 
En esta nueva edición, se presentaban las bases para el diagnóstico, prevención y tratamiento de la TVP en adjuntos durante una guardia, patología de alto riesgo entre los especialistas de la medicina pública nacional. 
La ilustración del artículo está realizada por el Dr. Luis Rodríguez-Bachiller, maravilloso dibujante e ilustrador, pero no menos genial cirujano general del Hospital General Universitario Gregorio Marañón. 
Espero que os sea útil. Como decía un compañero mío de residencia: "más vale prevenir..., que hacer la guardia solos".

Archivo adjunto: 

martes, 3 de agosto de 2010

Declaración de intenciones


En numerosas ocasiones la realidad supera la ficción. Esta imagen está tomada en una calle de Torremolinos (Málaga) de forma casual. Espero que no sea tan duro trabajar allí,  tal y como augura el cartel....

jueves, 22 de julio de 2010

Consejos para hacer un póster

El fin de un póster es presentar una comunicación breve de un caso clínico excepcional, una pequeña serie de casos o una nueva técnica. La realidad es otra: es donde van los trabajos que el comité científico no acepta como comunicaciones orales y la forma más rápida de justificar la presencia en un congreso sin trabajar mucho. 
Actualmente la mayoría de congresos nacionales e internacionales han eliminado el concepto de cartel científico por el de e-poster, que no es más que una presentación de 8-10 diapositivas, que suelen quedar en el disco duro del olvido de las reuniones científicas. 
Atrás quedan el ir en el avión con ese inmenso tubo porta-rollos y el tiempo perdido debajo del cartel para esperar preguntas que nunca llegan. Sin embargo, en congresos más pequeños y domésticos se mantiene la presentación clásica en DIN-A0 en papel, lo que permite darse un paseo contemplando el trabajo gráfico de los demás cuando el programa científico de las presentaciones y ponencias es un rollo. 
Hacer un poster no es nada fácil (mucho más complejo que los e-poster). Se trata de hacer de científico, ilustrador, fotógrafo y diseñador gráfico. Toda una odisea para los especialistas del hueso que (según nuestros buenos amigos los internistas) sólo tenemos una neurona (pero larga). 
Nos os preocupéis. En esta nueva sección os daremos consejos para realizar un póster y presentarlo como merece. 

Consejos para la colocación. Habitualmente la organización tiene marcado el sitio donde va nuestro póster. En otros os dirán "póngalo donde tenga sitio..."; todo depende de lo grande del congreso y de las luces de los que lo organizan.
Igualmente nos habrán recordado infinitas veces en las bases el tema del tamaño ("DIN-A0, no se admitirán otras medidas...") y nosotros, de forma excepcional, lo hemos cumplido. 
Pero, mira por donde cuando lo vamos a colgar nos damos cuenta que hemos cometido un gran error: la orientación. 


¿Y ahora qué?. Algunos lo arreglan de aquella manera. No se trata de hacer tantos kilómetros para volverte a casa sin haber colgado el poster y encima que se entere tu jefe... Lo cuelgas boca abajo y que la gente se tronche el pescuezo a modo de obra interactiva o lo pones apaisado invadiendo el espacio de el de lado (con la pasta que cuesta la inscipción, podían haber dejado más espacio). Lo malo es que vas a chocar con el lugar del otro. Bueno, qué vamos a hacer. Tú llegaste antes. 

jueves, 1 de julio de 2010

Segundas opiniones nunca fueron buenas


Hace unos días me avisaron que me iban a citar a un paciente recomendado para una segunda (o enésima) opinión. Este tipo de consultas nunca me han gustado. Es lo más parecido a caminar sobre un campo de minas con botas de suela de clavos.
Y ahí estaba esta mañana, a primera hora (ésta y la última suelen ser las elegidas por estos especímenes) junto a un familar (feroz acompañante a modo de escolta personal, que es el principal enemigo).
Su perfil no variaba mucho del fenotipo habitual:  carpeta de cartón azul con gomas llena de fotocopias de informes, bolsa del “corte-inglés” con diversos recortes de radiografías y resonancias varias y las constantes interrupciones del familiar que no para de recordarte para que han venido y lo bien que le han hablado de ti (sí, por eso eres el segundo plato…).
Sin embargo, el paciente en cuestión pertenecía a la peor casta de recomendados, esos que ya vienen operados y que, independientemente de tu opinión, van a seguir tratándose por su cirujano. Lo que se dice una “consulta paripé-pasapalabra”.
Mientras se dirige hacia ti dirigiendo la conversación (como si os conociérais de toda la vida u os hubieseis despertado alguna vez en la misma cama juntos), te cuenta orgulloso como se pegó la torta por la cual le han tenido que operar la muñeca sobre la que le han tenido que poner una carísima placa de titanio procedente de Alemania, que es de las buenas, de las que aquí no se encuentran como así…
Es entonces cuando le ves la cicatriz y la placa de control. No puedes hacer mucho más (el acto está consumado): ver el resultado y dar tu opinión. Como un jurado.
Y entonces, te sientes como el Risto Mejide frente a la niña pija que canta como un grajo pero que toda la academia le ríe las gracias y el público salva cada semana… Y piensas: “joder cómo le han dejado. La placa torcida, los tornillos cada uno de un tamaño y dirección distinta (que parecen un peine mellado) y dos de ellos atravesando la articulación como una estaca. Y la herida, ni te cuento. Si parece que le ha cosido un epiléptico. Y el tamaño, grande, muy grande… Vamos, que por ahí podían haber metido la placa, la caja de tornillos, la instrumentista y el alemán de la casa comercial…”.
Es cuando te entra la vena “estebanera” y te apetecería coger la radiografía en alto y exclamar (como el fontanero que vino la semana pasada por casa) eso tan español de “hombre de Dios, pero bueno…!, ¿quién le ha hecho esto?. Para mí que no es un profesional. Pues le va a salir por un ojo de la cara…”.
Pero no. Te contienes. Miras al familiar (es más seguro y se va a enterar más) y le dices con voz firme pero acogedora: “la verdad es que han tenido un resultado perfecto. Le ha tratado un excelente profesional. Yo no lo hubiera hecho mejor…”. Tu cara se rellena de una falsa sonrisita cómplice y el paciente parece que se emociona, orgulloso del resultado. El familiar se queda igual;  por lo general no muy convencida, preguntándose “¿y para esto hemos venido…?”
Se dan la vuelta y se van satisfechos por la puerta. Tu también. ¿Corporativismo?, no. Por un lado, nunca se sabe dónde en qué consulta acabarán tus errores. Por otro, ya tendrá su penitencia ese yatrogénico especialista cuando tenga que retirar el material o explicar el porqué de la artrodesis. Es sólo una cuestión de supervivencia.

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